lunes, 6 de abril de 2009
lunes, 12 de enero de 2009
RUBÉN DE LA COLINA : SETENTA VECES SIETE

Por Gary Vila Ortiz
Fue por 1972. Yo estaba con una hepatitis de esas benignas, que a mí al menos me hizo sentir bien. Rubén y su esposa Pituca, me vinieron a visitar casi todos los días -setenta de ellos- o al menos ahora mi memoria me dice que estuvieron presentes cada uno de esos días. Y fue durante ese tiempo -Rubén me había prestado una máquina para poder escribir en la cama- que se nos ocurrió eso que desde un comienzo fueron los cuadernos de “Poemas y Maderas”. Lo de 70 veces 7 lo propuso Rubén. En aquella máquina prestada escribí algunos de los poemas de esa serie. Consistían esos cuadernos- en series de siete; comenzar por un poema y una xilografía, y llegar hasta siete poemas y siete xilografías. Así caminamos -cada uno en su oficio o torvo arte- durante cuatro series, y los dos cuadernos de una quinta serie que no se terminó.
En algunos casos yo escribía un poema extenso, y lo fragmentaba en cinco o siete partes, y Rubén hacía el resto. Quiero decir, iluminaba en todo el sentido de la palabra los poemas, y los llevaba a una imprenta donde cuidaba de la edición y las pagaba rigurosamente. Las ediciones eran limitadas y se vendían tan solo a los amigos.
Fue Rubén el que apuntó en la edición: También hicieron posible esta primera edición de la tercera serie: el desinterés, la amistad y el trabajo. Puedo decir que estas eran características de Rubén: desinteresado, amigable y trabajador. Las ediciones constaban de 200 ejemplares, numerados de uno a cincuenta.
En algunas ocasiones se transcribía algún párrafo de de comentarios que habían sido publicados en algún diario o que estaban consignados en algunas cartas.
Para el ´72 yo hacía poco más de veinte años que era amigo de Rubén. Lo había conocido en casa de Jorge Vila Ortiz y con él y con Cristián Hernández Larguía fui aprendiendo aquello que creo saber pero que cada vez estoy menos seguro de conocerlo.
Pero los años en que fueron saliendo los treinta cuadernos de “Poemas y Maderas” los memoro con plenitud, que abarcaba muchas cosas que nos proporcionaban, esos momentos de felicidad que, como bien decía Salinger ,...
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